Dicen que quien bebe agua del grifo de Bertamiráns... regresa
Hace 7 años, cuando me marché, jamás pensé que en Bertamiráns podría haber algún dicho popular. Cuando lo que era el pueblo quedó sepultado bajo los edificios de la mahía y las calles se abarrotaron de funcionarios, niños y perros, bertamiráns se convirtió en un lugar sin historia... una urbanización a lo grande ¿O quizá su historia quedó escondida como el río? Y no te creas, ya sé que la historia la escribimos entre todos, pero a veces uno cree volar desapercibido... y ni mucho menos.
Después de haber vivido en tantos lugares distintos durante tan poco tiempo jamás pensé que el lugar que me resultaría más sorprenderte de todos es el de regreso... Ese en el que siempre te preguntan... ¿e logo cando volves?
Desde que me fui... o igual sólo me percato ahora... Bertamiráns se ha convertido en un lugar realmente singular... con un toque... cómicamente siniestro. ¿Cómo resumirlo en pocos párrafos? Le comentaba a Bea que deberíamos escribir un libro. Algo así como un diario de sucesos paranormales. Con personajes dispares que aparecen y desaparecen como conejos de un sombrero. Aunque eso sí que no lo he presenciado nunca.
Nos mudamos a Bertamiráns cuando yo tenía 12 años... Lo recuerdo perfectamente porque es el número de escalones que hay del primer al segundo piso del duplex... Las escaleras que hay desde el portal es la edad de mi madre de aquella... Podemos guardar recuerdos de cualquier manera. Bertamiráns era un pueblo de casas y huertas sobre un valle inundado junto al río. La calle principal estaba recorrida por una hilera de casas de piedra a punto de venirse abajo. Los edificios de dos plantas, por suerte (de dos plantas, quiero decir), empezaban a saludar entre las casas anunciando un nuevo porvenir...
Y así fue. En 13 años Bertamiráns se ha convertido en algo así como una rururbe, como yo le llamo. Los apartamentos se extienden hasta las márgenes del río, amparando un inmenso parque de cesped escalonado entre puentes de madera. Salpican casas y huertas de piedra y ladrillo como margaritas entre el asfalto.
Y así son sus gentes. Una fusión entre lo que había, lo que vino y lo que está de paso. Otro día entramos en temas polémicos ;)