Un día cualquiera puede rematar con una sorpresa cualquiera. Empezando como este... nunca se sabe qué esperar. Después de una tarde a oscuras sobre el sofá aguantando dos películas aburridas y muy mala por lo menos la primera, proseguimos con unos cantos servios... o rusos... o no quedó muy clara la cosa, en una iglesia de Santiago. Por si esto no fuera poco continuamos con un concierto soporífero y sobretodo inaudible (porque no se oía nada... sobretodo) de gran calidad y escasa pasión, en otra iglesia de Santiago... Tres canciones antes de comenzar los temas de regalo no puedo más, me marcho a por un bocadillo para alimentar a mi solitaria, y sin venir a cuento de nada descubro los mundos de Emma.
Los cinco nuevo desconocidos nos enredamos en múltiples horas de conversación insaciables sobre música, cine, literatura y quién sabe... tres cigarros entre las baldosas después.
Y volvemos a la misma puerta de la que Ángela tiene la llave. ¿Qué papel juega la mujer en la sociedad y qué papel ha jugado en la historia? ¿Por qué solo figuran nombres masculinos en los libros y en la misma memoria? Emma ha quedado en llamarme para cederme generosamente una enciclopedia sobre la mujer en la historia. Qué curioso. Todo este laberinto de sorpresas cobra por fin sentido, aunque no exista entrada ni salida.
Las calles de Santiago no tienen principio ni fin... porque quien entra... igual que quien bebe agua del grifo en Bertamiráns... tarde o temprano regresa... aunque sea para pegarse un cabezazo religioso. No sé. Quizá cuando pierda la fe en la fe me pase por la catedral a pedir corazones. Y no para meterlos en una hurna. Pero por todos es sabido que pájaro criado en cautividad... a duras penas sobrevive en libertad, si es que lo hace. Y viceversa.