No sé cuándo comenzó a cambiar mi punto de vista... pero sí sé que mi viaje a Italia supuso un vuelco enorme en mis convicciones respecto al arte, y sobretodo a la pintura.
Hace no mucho me llegó un email muy interesante de Montse de Artedos que encendió la chispa sobre esta meditación tan complicada y que no acababa de asimilar hasta el momento. ¿Expresión o técnica?
Cuando comencé a pintar siendo muy pequeña, daba total prioridad a la expresión artística sobre la técnica. Aún cuando comencé a exponer en el colegio defendía, o más bien, atacaba la técnica. Pero aún así, poco a poco fui aprendiendo cosas que me sirvieron de mucha utilidad a la hora de gritar con pintura.
Poco a poco fui acercándome a nuevas técnicas y explorando nuevos caminos por curiosidad y diversión, encontrando muchas veces soluciones para expresarme con mayor libertad. ¿Cómo vamos a gritar socorro si no sabemos hablar?
Hace un par de años, quizá tres, le pedí a mi camarada Marcos Caruncho que redactase una critica sobre mi obra... y entre cientos de alabanzas y frases hermosas sólo recuerdo una cosa... y decía algo similar a: “si su técnica consigue alcanzar el nivel de su expresión...”. Aquello se me clavó como una espina. Me enrabieté escudándome en que la expresión artística es lo que otorga valor a una obra. Y ahora pienso... qué estúpida. ¿Por qué elegir cuando se pueden tener ambas cosas?
Un par de semanas después de escribir este post que estais leyendo, y a partir de un encuentro con una lectora del blog y bajo petición del mismo Marcos, decidí rescatar textualmente aquellas palabras que enturbiaron mis pensamientos... y he aquí el texto, en el que por cierto, no figura ningún comentario parecido. Lo que sí encontré, fueron muchos otros razonamientos que no había memorizado entonces... ¡Qué engañosa puede llegar a ser la interpretación humana!
Desde que estuve en Italia, mi obra ha cambiado por completo. Y puedo asegurar que no ha sido nada premeditado ni intencionado. Como le comentaba a Montse en mi respuesta, la expresión y la técnica no son ni mucho menos incompatibles. Es la suma de las dos lo que deja bocas abiertas.
El verano pasado estuve vagando por Italia durante mes y medio... contemplando obras fantásticas prácticamente todos los días... ese vigoroso Caravaggio en el Ufizzi, ese inmenso y fantástico fresco en una pequeña capilla de Perugia, las coloridas y expresivas vidrieras de la Catedral de Milán, la sorprendente y contemporánea obra de Luigi en una casita perdida en la campaña romana, la misteriosa Última Cena de Leonardo... y desde entonces ha cambiado algo que considero muy importante... Ahora realmente tengo interés por la técnica. Desde entonces no hago más que explorar cosas nuevas... esforzarme al máximo... pararme semanas donde antes no me paraba ni medio segundo...
Desde luego defiendo la expresión artística por encima de todo, porque es lo que nos libera y divierte. Es lo que habla sobre nosotros mismos, nuestras creencias, nuestras experiencias, nuestro dolor y nuestras alegrías. Muchas escuelas y talleres comienzan con abrumadoras clases sobre técnica y teórica convirtiendo la pintura en algo aburrido y milimétrico.
Pero ojo. ¿Cómo vamos a gritar socorro si no sabemos hablar?
Me quedo con las dos.