Esta misma semana pasé por Madrid. Me había quedado un billete colgado del mes de diciembre que vencía el martes, oí hablar a cerca de una exposición en la fundación Mapre sobre impresionismo (Monet, Manet, Cezanne y compañía), y no lo dudé dos veces.
En cuanto subí al avión abrí la dichosa revista de Iberia que siempre está allí, y en primera página leo: “Un nuevo renacimiento”. “Qué buen título para qué buen momento”, pensé.
La verdad es que, tras hora y veinte minutos de cola para entrar, la exposición me produjo una mezcla de decepción y entusiasmo. Voy a ser muy cruel con mi movimiento artístico preferido, pero la verdad es que el impresionismo como tal no es más que una forma de economizar (con mucho éxito por cierto). La exposición comienza con una muestra de realismo, y poco a poco los trazos se van tornando más imperfectos y expontáneos.
Supongo que alguien en algún momento pensó... “para qué tomarme tantas molestias para transmitir un mensaje si con menos esfuerzo y menos pintura podemos llegar tranquila y holgadamente al mismo mensaje”. Incluso de una manera mucho más natural. Y poco a poco así hemos llegado al arte contemporáneo, que, hoy por hoy, lejos de economizar, cada vez resulta más costoso y cada vez prescinde más del fin último: transmitir, emocionar, provocar...
Por mi parte llevo una buena temporada sin centrarme en la pintura y llevo tiempo preguntándome a dónde me llevará mi próximo renacimiento. Así que bueno, cuando llegue (espero que pronto) supongo que me cagaré en todos los comentarios que acabo de hacer y como siempre me centraré en mi propia incompetencia.
Atentamente,
Patricia Saco |
|
|