Hace una semana me observaban inquietos los retratos a medio terminar que pueblan mi hogar... Karina se ahogaba bajo un manto de burbujas de plástico... y Garijo colgaba desequilibrado de un lugar a otro... Una semana después ya he montado mi estudio y estoy... de nuevo... y como nunca... mirando al cielo. Cómo cambian las cosas. Hace dos semanas estaba en Madrid con una corbata y un carrito con ruedas... con una caja repleta de sueños en trazos... y ahora estoy en casa tras dos días de paz entre las nubes del mar abierto de Galicia. Qué distinto es observar el cielo desde la cima de una montaña en pirineos... qué cercanas están las nubes en los incansables atardeceres de las Lofoten... qué inmenso el mar bajo el azul de la primavera... El cielo...
Como dice Fito... yo seguiré mirando al cielo... tú nunca quisiste volar...
¿Por qué me dice el hombre de la tienda de pinturas que espera a la jubilación para volver a pintar? ¿Por qué no ahora? ¿Por qué esperamos al momento justo cuando no hay un momento mejor? Por eso en mi casa no hay televisión.
El cielo... Recuerdo con 12 años una lluvia de estrellas sobre mi cabeza... a dos mil metros de altura bajo el frío de una noche de agosto. Dentro de mi saco. En algún lugar perdido de Pirineos...
Recuerdo un perfecto y suave rosa atardecer sobre el liso mar desde Punta Batuda... recuerdo unas gaviotas rozar el agua sigilosamente... dejando una estela irregular...
Disfrutad el momento. Sea cual sea.