Desde que redirigí mi trayectoria profesional hacia el UX, he leído numerosos artículos, estudios, libros y teorías a cerca de los distintos procesos de diseño, intentando aplicar varias de ellas, tanto en los proyectos de la UOC mediante el estudio de procesos de Design Thinking, como en mi día a día en Netex experimentando con herramientas propias de un Design Sprint.

Además, soy fiel fan de Diego Sánchez Puerta en LinkedIn, quien comparte inumerables y fascinantes infografías sobre las distintas aplicaciones de métodos como el Double Diamond y las posibles organizaciones que podemos adoptar como diseñadores dentro de nuestro departamento y/o para integrarnos en metodologías Agile.

He trabajando con varios SCRUM máster para comprender e interiorizar tanto el significado de la metodología como su aplicación, participando en sus procesos activamente dentro de su rigidez y su flexibilidad según el caso.

Y, después de todo ello, puedo afimar y afirmo que: cada tarea, proyecto, equipo y entorno necesitan de un proceso distinto, nunca rígido sino adaptativo, que permita a las personas implicadas en él alcanzar un objetivo con comodidad, confianza y disciplina.

Y que además, respete los procesos individuales de cada uno de sus integrantes.

Esto no quiere decir que los procesos existentes o herramientas que desarrollan sean inútiles, sino todo lo contrario.

Es importante conocerlos, profundizar en ellos, y adaptar sus ventajas a nuestras necesidades puntuales, particulares o generales, si bien debemos evitar a toda costa el dogmatismo que genera rigidez en los procesos y deriva en una falta total de agilidad.

¿Cómo tratar distintos problemas con la misma solución?

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August 29, 2019

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